15 de noviembre de 2018

Nelson Vinot, fagot solista: “es un trabajo muy emocionante, quizás el más especial que he hecho en mi vida”

El músico oriundo de la Región de Valparaíso y miembro de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile desde 1990, se presentará como solista junto a esta agrupación presentando Tierra Sagrada, una obra de su autoría.

Hace 28 años llegó a través de concurso para ocupar el cargo de ayudante de solista de fagot de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. Diez años más tarde, y mediante el mismo mecanismo, pasó a ser solista de la agrupación. Desde entonces ha compatibilizado su rol como músico de orquesta con la incursión en otras corrientes musicales, donde las raíces folclóricas, el jazz y la fusión han marcado su trabajo. Hoy se prepara para estrenar Tierra Sagrada, en lo que será un hito en su vida, no sólo musical.
Compuesta en 2017, la obra inspirada en el pueblo mapuche será estrenada el viernes 23 en la Gala Aniversario de la Universidad de Chile, y el sábado 24 de noviembre en una función abierta a todo público, en un programa que marcará un hecho inédito al ser la primera vez que un solista de la agrupación estrene su propia obra.

¿Cómo fue su paso desde la música popular a la de tradición escrita?
Cuando pequeño empecé tocando un pito de banda, y siempre tuve interés de participar de conjuntos, en principio, de la banda que había en mi colegio.
Después tuve instrumentos de cuerda. Soy guitarrista de una agrupación y también toco piano también, pero soy principalmente fagotista, que es el único instrumento que estudié de forma académica. Todo lo demás lo aprendí en forma natural. Sin embargo, el fagot lo empecé a estudiar cuando ya era mayor.

¿Cómo surge entonces el interés por el fagot en particular y la idea de estudiarlo?
Fue por un concierto en la Universidad Federico Santa María de Valparaíso, ciudad en la viví por mucho tiempo. Cuando llegué a estudiar a la Escuela de Pedagogía de la Universidad Católica de Valparaíso vi un quinteto de vientos de Dinamarca. Ahí escuché el fagot y me llamó la atención. La verdad es que me enamoré de este instrumento, entonces me acerqué al fagotista Peter Bastian – que era un gran maestro – y le conté acerca de mi interés.
Previamente, había visto en la escuela un fagot que estaba abandonado y lo pedí para tocarlo. En esa época yo participaba de un grupo de jazz fusión, entonces lo primero que hice fue en la línea de lo que tocaba por esa época, experimentar, improvisar en cuanto a la fusión.

Respecto del trabajo que ha desarrollado como compositor, ¿cómo lo describiría?
Creo que es el resultado de mis propias experiencias musicales, el participar con grupos, conocer músicos, hacer música con diversidad de estilos. Toda esa experiencia que he tenido con el tiempo, de ahí va surgiendo todo. Creo que ha sido un elemento motivacional para mí.

¿Y cómo nace la creación de Tierra Sagrada?
Es una obra dedicada al pueblo mapuche, escrita a partir de la admiración y respeto que le tengo. Pero además es una obra que lleva poesía de por medio. Es la visión de un huinca como yo, un chileno normal, que admira y apoya al pueblo mapuche, a su consejo, su tradición, su fuerza. Es la admiración que siento por su gallardía, un pueblo que ha sufrido, que ha sido atacado por largos años. Tengo un profundo respeto por los valores de este pueblo, por su fortaleza. Quise componer algo dedicado a ellos.
Pero es importante señalar que no es música mapuche, sino que está inspirada en su cultura. Yo me baso en ella para crear y buscar algunos ángulos musicales y mezclar elementos sonoros clásicos mapuches con otros que tienen que ver con la música popular. Mezclo y amplío un poco, lo proyecto a mi manera. Así, se pueden encontrar también algunos elementos de jazz y está el concepto de improvisación, que es algo que también se puede encontrar en la cultura mapuche, en sus danzas y ritos, por ejemplo, entonces Tierra Sagrada igualmente tiene esos elementos de libertad, de conexión.
Elegí así tres características que para mí son fundamentales. El primero es el Choique Purrum, que es una danza clásica mapuche, el baile del pájaro, del avestruz. Es una danza que me atrae mucho porque siento que ahí se producen unos estados muy especiales, muy profundos. El segundo movimiento es un Trafui, que es muy tranquilo, lento. Ahí destaco un poco la belleza de Arauco. Es como una contemplación del paisaje del lugar donde viven los mapuches, de toda esa pureza, así como también la pureza del niño mapuche, que aparece de alguna manera como imagen. En el último movimiento aparece el Weichafe, que es con mucha energía y vitalidad, muy enérgico. Allí destaco la potencia guerrera del mapuche, que es lo que más conocemos todos nosotros y lo que probablemente más admiramos.

¿Cómo enfrenta el desafío de estrenar su propia obra como solista?
Hay que prepararlo bien, porque la verdad es que son dos mundos muy exigentes que te demandan mucha energía. Estoy frente a dos desafíos: Por una parte la composición misma, y por otra, la interpretación. Pero la verdad es que, a pesar de que ambos desafíos significan bastante trabajo, creo que la interpretación es quizás la más delicada. Es lo que se está mostrando en el momento, entonces es donde hay que estar realmente bien preparado. De alguna manera esos dos mundos están en uno solo, pues estaré interpretando algo que yo mismo compuse. Pero la verdad es que al momento de estar sobre el escenario finalmente ya no lo siento así. En ese momento es como cuando se toma la obra de cualquier otro compositor, que uno estudia y prepara. Yo creo que estoy en esa etapa con mi obra. ¡De repente hasta me olvido que la escribí yo! Entonces me enojo con el compositor, porque escribió cosas muy difíciles… y resulta que soy yo mismo (risas).

Otro componente muy especial es el hecho de estrenar junto a la orquesta donde ha desarrollado gran parte de su carrera. ¿Qué significado tiene eso para usted?
Eso es muy potente. Lo hace para mí aún más emocionante, porque soy un agradecido de este conjunto, de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. Ellos (los músicos) siempre han apoyado mis proyectos. Mi trabajo como solista a través del tiempo también ha sido bien valorado, entonces me siento muy agradecido con ellos. Además tengo un profundo respeto y admiración por mis colegas, son todos tremendos profesionales.
También estoy muy agradecido con el maestro Grin, porque la verdad es que en primera instancia yo tocaría otro concierto, de un compositor francés. Pero en una conversación se me ocurrió presentarle la idea y él se interesó. Le mostré primero un bosquejo y luego una partitura, él la vio y me dijo que le había encantado, que debía ir en la temporada. Así surgió todo.
También estoy muy agradecido con el CEAC por haber apoyado este proyecto. Es todo un equipo, y he sentido siempre esa energía y buena onda. Uno se siente en confianza, me siento en casa y apoyado.
La verdad es que es un trabajo muy emocionante, quizás el más especial que he hecho en mi vida, por todas las características que tiene.