La Orquesta Sinfónica Nacional de Chile en su aniversario 78°

Al cumplirse un nuevo aniversario de la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, gracias a la ley promulgada el 7 de enero de 1941 promovida por Domingo Santa Cruz Wilson, y desde entonces bajo la protección y tutela de la Universidad de Chile, este conjunto enfrenta un doble desafío; la concreción de su nueva sala con acústica natural y la consolidación de su madurez artística.  Actualmente en construcción, la nueva sala contará con capacidad para 1200 personas, con una completa infraestructura de servicios para el público y artistas, un foyer de grandes dimensiones y lo más importante, una acústica con parámetros de excelencia. Con este proyecto Chile por fin contará con su primera sala de conciertos sinfónica, gracias al decidido apoyo de la Universidad de Chile.

Por el otro lado, después de 78 años de existencia nuestra Orquesta ha logrado un reconocimiento transversal gracias a su madurez artística, posicionándose como una de las orquestas más prestigiosas de Latinoamérica. La Sinfónica es la mayor del país con 91 miembros estables, gran parte de ellos chilenos, pero también extranjeros de gran talento que han hecho de ella su hogar.  Posee más de quince tipos distintos de instrumentos, cada cual organizado en filas, con dos solistas a cargo, asistentes, músicos tuttis, instrumentos afines y de gran tamaño como piano y arpa. Así también, están sus dos concertinos que lideran a sus compañeros, y el Director de la Orquesta, titular o invitado según sea la ocasión.  Cabe señalar que detrás de la Sinfónica Nacional, al igual que en toda orquesta de tradición, existe una cultura organizacional digna de destacar orientada a alcanzar la excelencia artística. Pero no se trata de avidez por meramente destacar y diferenciarse en un mundo competitivo, sino de la conciencia de que sólo a través de la calidad en la interpretación emerge la fuerza y poder de la música que consigue transformar a las personas.  Las orquestas son organizaciones virtuosas, para algunos tal vez una quimera en los tiempos que corren, pero han resistido firmes el paso del tiempo. Sin más implementos que maderas, metales y cueros las orquestas tienen el poder de convocar multitudes que mansamente se entregan en silente comunión para dejarse embriagar por la música, con sus vaivenes, fuertes y tenues sonidos, que emocionan a todo quién así lo desee. En el trabajo de las orquestas hay respeto por el otro, se asume virtuosamente el someterse a las indicaciones de quién lidera, dejando de lado individualismos para sumarse al trabajo en equipo, el cual requiere que cada uno de sus miembros haya llegado al ensayo bien preparado. No hay espacio para la desidia ni la falta de compromiso, hay rigor, y el trabajo de cada parte está al servicio de un todo mayor, cuya dirección lidera un maestro o maestra con plena autoridad sin que ello signifique un menoscabo. Todos al mismo tiempo, entregados cien por ciento a la partitura, interpretando lo que otro ha creado.

Asistir a un concierto es la oportunidad que les brinda la Sinfónica a los chilenos de experimentar la belleza, sufrimiento y humanidad que han sido magistralmente plasmados en las grandes sinfonías del repertorio universal. Es una oportunidad única de educar nuestros sentidos, pero sobre todo de reconocernos como seres espirituales y sensibles a lo sublime. Esta es la invitación que hacemos a todos los chilenos y extranjeros, a acercarse a la Sinfónica Nacional de Chile y ser parte de la tradición y potencia de este conjunto que es patrimonio nacional y que celebra setenta y ocho años de existencia.

 

Diego Matte Palacios

Director del Centro de Extensión Artística y Cultural

Universidad de Chile 

01 de febrero 2019